Después de dos encuentros en los que las organizaciones participantes comenzaron por conocerse, mapear sus capacidades y construir un diagnóstico compartido sobre las principales brechas de la salud mental en Nuevo León, el Ecosistema de Salud Mental dio un nuevo paso: explorar dónde puede generarse un cambio significativo y hacia qué dirección avanzar de manera colectiva.
El pasado 13 de agosto, Capital Común llevó a cabo el tercer taller de esta iniciativa, que reúne a líderes y organizaciones que trabajan desde distintos ámbitos de la prevención, atención, formación y promoción de la salud mental en el estado.
Si el primer encuentro permitió reconocer quiénes forman parte del ecosistema y el segundo profundizó en sus principales desafíos, esta tercera sesión estuvo enfocada en identificar puntos de apalancamiento y comenzar a construir un propósito común, como base para desarrollar posteriormente proyectos conectados entre las organizaciones.
Uno de los ejes del taller fue profundizar en los llamados nudos del sistema: aquellos problemas o condiciones que concentran distintas brechas y que pueden limitar la capacidad de respuesta frente a los desafíos de salud mental.
A partir de herramientas de pensamiento sistémico, las y los participantes exploraron la diferencia entre los eventos que son visibles, los patrones que se repiten, las estructuras que los hacen posibles y los modelos mentales que pueden contribuir a mantenerlos. Esta mirada permitió ampliar la conversación: no se trata únicamente de responder a los problemas que vemos, sino de comprender qué condiciones los producen y dónde tendría sentido intervenir.
Desde esta perspectiva, los puntos de apalancamiento representan oportunidades para orientar esfuerzos hacia cambios que puedan tener un efecto más amplio dentro del sistema.
El trabajo realizado durante los talleres anteriores había permitido reconocer que el ecosistema cuenta con capacidades y experiencias diversas, pero también que existen fragmentaciones, vacíos y oportunidades para conectar mejor los esfuerzos.
En este tercer encuentro, la conversación avanzó hacia una pregunta distinta: ¿dónde podemos sumar nuestras capacidades para generar un cambio que difícilmente podríamos alcanzar de manera aislada?
Esta transición es relevante para el propósito de la iniciativa. Fortalecer un ecosistema no significa que las organizaciones hagan lo mismo, sino que puedan reconocer sus complementariedades y construir respuestas conectadas alrededor de desafíos compartidos.
Como parte de este proceso, el grupo también recibió a Integra A.B.P., que se incorporó a la iniciativa durante este tercer taller, sumando una nueva perspectiva al trabajo colectivo.
Además de identificar oportunidades de intervención, el taller abrió un espacio para explorar un propósito común entre las organizaciones participantes.
La intención no fue definir todavía una estrategia estatal de salud mental ni establecer de manera definitiva los proyectos que deberán desarrollarse. El objetivo fue comenzar a identificar una dirección que permita orientar los esfuerzos futuros y servir como referencia para la construcción de una cartera de proyectos conectados.
Este paso parte de una idea que ha acompañado el proceso desde su inicio: los retos complejos requieren capacidades diversas y relaciones capaces de conectar esas capacidades.
La iniciativa busca precisamente generar las condiciones para que el conocimiento, la experiencia y los recursos distribuidos entre distintas organizaciones puedan articularse alrededor de objetivos comunes, fortaleciendo tanto a las organizaciones como al ecosistema en su conjunto.
Con tres talleres realizados, el proceso ha recorrido una ruta que va de conocerse y construir confianza, a comprender colectivamente el estado del sistema, para después comenzar a identificar dónde y cómo intervenir. Esta evolución prepara el terreno para el cuarto y último taller de la iniciativa.
El próximo encuentro estará orientado a convertir esta conversación en propuestas concretas: presentar, agrupar y priorizar ideas de proyectos conectados, así como establecer los primeros acuerdos de gobernanza que permitan dar continuidad al trabajo colectivo.
El reto será ahora llevar lo construido en estos encuentros a una siguiente etapa: pasar de compartir una mirada sobre el sistema a construir respuestas colectivas que puedan fortalecer la salud mental en Nuevo León.
Este tercer taller representa así un punto de transición dentro del proceso: del diagnóstico compartido hacia la acción colaborativa.